Con la apertura de la sucesión tiene lugar la delación. De este modo, se abre una situación en la que el vocado puede aceptar o repudiar la herencia. A ese poder atribuido al vocado o llamado se le denomina ius delationis, cuya naturaleza jurídica es discutida en la doctrina. No obstante, la posición dominante lo conceptúa como un derecho subjetivo.

Para el caso en el que el llamado muera sin aceptar o repudiar la herencia, el art. 1006 del Código Civil dice que pasará a sus herederos el mismo derecho que él tenia. Por consiguiente, parece deducirse de esto último que el ius delationis se integra como un elemento más en el patrimonio hereditario del difunto, pudiendo sus herederos aceptar o repudiar su sucesión. Si la aceptan, serán titulares de su ius delationis, por lo que podrán aceptar o repudiar la primera herencia. Si no la aceptan carecerán de este poder.

No obstante, cabe decir que el causante puede impedir la transmisión del ius delationis del que llama a su herencia obligando a que lo ejercite en vida, o disponiendo que si muere sin hacerlo se difiera la herencia a otra persona.

Por último decir que el ius delationis es inembargable, puesto que nadie que no sea llamado por el testador puede aceptar o repudiar su herencia.



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