El testamento es un acto unilateral por el cual una persona ordena para después de su muerte el destino de todos sus bienes o de parte de ellos.

A la hora de interpretar el testamento para repartir una herencia, se deberá atender, fundamentalmente, a la voluntad del testador, al contenido literal del testamento. Pero, en ocasiones, puede ocurrir que del testamento no pueda saberse exactamente la voluntad del testador. Entonces, se tendrán en cuenta las circunstancias económicas, sociológicas, etc., del momento en el que se otorgó el testamento.

Para interpretar cada disposición, habrá que valerse de las palabras escritas, de otras cláusulas del propio testamento, de acontecimientos de la vida del testador, costumbres, conducta o lenguaje de los suyos, pero nunca se podrá forzar una nueva disposición. Lo que sí que podrá hacerse será completar y aclarar aquello que esté dudoso, y para ellos existen dos medios de interpretación. Por una parte, los intrínsecos, es decir, los que suministra el propio texto testamentario, donde el elemento fundamental es el tenor del testamento. No obstante, se podrá apartar del tenor literal cuando entre la intención del otorgante y las palabras reales empleadas para expresarla no exista ninguna correlación. Por otra parte, los medios extrínsecos, que serán las circunstancias que envuelvan al testamento. En los casos de duda, la interpretación siempre tenderá a favorecer al heredero.


Ubicación: Valencia, Valencia, España
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